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La Matanza de Acentejo cuenta con interesantes enclaves que por su historia y ubicación, son objeto de una especial consideración por parte de la población. La Calle Real conserva en algunos de sus tramos la esencia de un pasado en el que fue la vía principal del municipio, llegando a acoger la sede del Ayuntamiento en un inmueble que terminaría albergando de forma transitoria un museo de costumbres populares, y hoy, la Escuela Municipal de Pintura. En su arranque próximo a La Resbala encontramos El Calvario, erigido en 1954,  y uno de los chorros de agua que antaño surtían a los/as vecinos/as, desembocando en el otro extremo de su trazado en las inmediaciones de la Parroquia de El Salvador -templo de nueva fábrica de 1955 que sustituyó al primigenio arrasado por un incendio en 1936- y de la conocida Casa de D. Miguel y Familia Febles Oliva. Esta vivienda de dos plantas, con balconada y patio exterior, es un valioso ejemplo de la arquitectura tradicional canaria, siendo adquirido y recuperado por el Ayuntamiento como parte de las acciones locales en protección patrimonial y cultural.

Muy cerca de allí encontramos la Casa de Doña Sixta, posiblemente el inmueble vecinal más popular de cuantos se conservan de tiempos pasados, también adquirido por el Ayuntamiento y objeto de diferentes actuaciones a lo largo del tiempo encaminadas a preservarlo. Junto a una estructura principal que combina la arquitectura canaria con otras influencias, el conjunto aglutinaba una zona de cuadras, cuartos de servicio, parcelas de cultivo y zonas ajardinadas, contando con un lagar tradicional y un aljibe cubierto que cumplía la función de terraza. Al igual que ocurre con la Casa de D. Miguel, en el futuro este espacio está llamado a acoger usos formativos y museísticos en materia de turismo y gastronomía. A varias decenas de metros se localiza el antiguo Hospicio Franciscano de San Juan Evangelista, de titularidad privada y cuyo origen se remonta al año 1732 estando activo hasta 1781. Fue el primer centro docente de toda la comarca, contando con una zona habitacional y una ermita.

Otro valioso tesoro patrimonial lo constituye la ermita de San Diego de Alcalá, erigida en el marco de la Hacienda de San Diego conformada durante el primer cuarto del siglo XVII. La primera mención, de acuerdo con la investigación del historiador del arte Jonás Armas Núñez, es del año 1666, fecha en la que aparece citada la ermita en el testamento de la propietaria de la hacienda, María Vergara Grimón. De titularidad privada, fue donada en 2018 al Obispado de Tenerife.

En el barrio de Guía encontramos otro espacio religioso de gran valor patrimonial, la ermita de Nuestra Señora de Guía, que data de la primera mitad del siglo XVI y también está ligada a una hacienda privada. Finalmente en San Antonio encontramos el templo de San Antonio Abad, cuyo origen se sitúan pocos años después de finalizada la Conquista de Tenerife, en los primeros años del siglo XVI, cuando el escribano Antón Vallejo que había participado en la Batalla de Acentejo, cumple con su promesa al haber salido con vida de aquella dura contienda. De acuerdo con la tradición, la escultura de San Antonio fue la primera imagen de santo llegada a Tenerife tras finalizar la Conquista. La ermita original dio paso al actual templo a partir del año 1882, localizándose en las proximidades del Barranco de Acentejo y recibiendo a partir de 2020 la consideración de Santuario.

Otros elementos destacados del patrimonio local lo constituyen las Casas de San Antonio y la casa del Lomo la Zapatera, inmuebles de propiedad municipal y desigual envergadura que nos permiten tomar contacto con la arquitectura tradicional canaria, siendo también muy emblemática para el municipio la conocida como Casa del Barco debido a la forma de su fachada, ubicada en la Carretera General

 

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