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La Matanza de Acentejo otorga al bailarín y coreógrafo Daniel Abreu Bello el título de Hijo Predilecto.

Este viernes 14 de enero de 2022 el municipio de La Matanza de Acentejo reconoció públicamente la extraordinaria trayectoria artística de Daniel Abreu Bello, matancero que ha cosechado como bailarín y coreógrafo las más altas distinciones existentes en nuestro país para la danza, concediéndole en consonancia con ello el más importante de los honores del municipio, el título de Hijo Predilecto. El reconocimiento se llevó a cabo en un acto público en el Auditorio Municipal, materializándose en la entrega de un diploma y de la preceptiva medalla corporativa, con la presencia del homenajeado, su familia, los representantes de los colectivos municipales y buena parte de la Corporación Municipal que en 2015 aprobó tal honor.

Tras la intervención de la Concejala de Cultura María Eugenia Hernández, que compartió la alegría y orgullo que implica tener a un colosal matancero como Daniel Abreu de embajador del municipio, el propio Hijo Predilecto rememoró en una intervención muy sentida sus recuerdos de infancia y juventud en el municipio. Fue en los espacios culturales locales donde se inició en la danza y el teatro junto a sus amigos, comenzando a curtirse y a perseguir un sueño que, tras hacerle recorrer el mundo, le ha traído de vuelta a casa para este reconocimiento.

Tal y como expresó durante el acto el alcalde Ignacio Rodríguez Jorge -responsable de la iniciativa aprobada por unanimidad en sesión plenaria en 2015- «Daniel ha colocado el nombre de La Matanza en lo más alto de la vida artística de España«, siendo el primer matancero que recibe la distinción de Hijo Predilecto. «Tu biografía –manifestó el alcalde en su intervención- está llena de luces, de la de aquellos seres humanos dotados de una visión de futuro que les da la capacidad de ver más allá del horizonte de su Isla. En ella vemos también el esfuerzo de alguien humilde que se marcó una meta y tuvo la suerte de alcanzarla, máxime en un ámbito que no está exento de complejidad, de dificultades, en el que sólo unos pocos llegan a alcanzar la ansiada valoración profesional y el reconocimiento del público y de la crítica que tu has conseguido»

El alcalde, que recordó que Abreu formó parte con sus aportaciones profesionales del proceso de diseño y mejora del Auditorio Municipal, en cuyas proximidades creció, avanzó que próximamente se completarán los honores con la inauguración del Espacio Cultural Daniel Abreu, la mejorada sala de actividades artísticas ubicada en el Centro de Estudios en la que el bailarín se inició en el mundo de la danza.

 

INTERVENCIÓN DE DANIEL ABREU.

Gracias: esta palabra infinita y biensonante, a veces se me queda corta para recoger tanto gesto amable y de profundo afecto. Permítanme que hoy, agradecer, sea el centro sobre el que girarán mis palabras, las que diga y las que torpemente olvide.

Sólo suena mi voz, pero hablo con la conciencia de que somos muchos. Estoy bien acompañado. Lo he estado siempre, aunque a veces no pudiera verlo. Lo que hoy represento es la herencia de muchas personas que han hecho posible más de lo que yo puedo nombrar. Aquí está el esfuerzo de los habitantes de esta bella tierra que forjó, y continua forjando una hermosa zanja por la que discurren nuevas miradas, gestos y bailes.

Don Ignacio, le estoy inmensamente agradecido a usted y a todo el Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo por dar un lugar a mi nombre, al de mi familia y al de los amigos que me han acompañado en vida y artes. Este pueblo de gente afable, anclado a la tierra, se ensaña cada día con la fortaleza y la convicción de vivir en un entorno amable y yo, crecí aquí.

Estas piernas que me sostienen son fuertes, y aunque las fortalecí recorriendo estas cuestas, mis primeros bailes fueron en la tripa de mi madre. Y es que los primeros movimientos de todos nosotros fueron al abrigo de una matriz. Me gusta imaginar que esa movilidad se perfeccionaba ante las curiosas manos de mi padre buscando sentir donde estaban los pies o la cabeza de su hijo. Está claro que lo que ha hecho posible que me dirija hoy a ustedes, viene de sus cuerpos moviéndose armoniosamente por una vida, que no siempre es fácil. Mis padres fueron el origen y estoy inmensamente feliz de darles las gracias hoy desde aquí.

Poco sé de lo que ellos bailaban mientras yo, aún sin ver luz, hacía de las mías por allí adentro. Pero sí que me conformé con los ritmos del volcán; con guitarras y percusión de manos buscando un mejor mundo y las ganas de vivir la vida.
Recuerdo que con pocos años me pelaba las rodillas por estas calles, por los callaos y las rocas de nuestras costas que tanto ama mi padre. De manos fuertes como mi madre, busqué equilibrios y esquivé golpes; descubrí, corrí y trasteé con mi hermano; jugué con mis primos y amigos que aún recuerdo; acabé con prisa las tareas que los maestros que tuve, que tuvimos, inculcaban deseándonos el mejor de los futuros. Con ellos modelé una manera de estar y de contarme.

Estoy convencido que toda carrera artística comienza antes de nacer. Mi mala memoria sólo me permite compartir algunos fragmentos de estas raíces, pero las siento, soportando cada paso. Hace poco me preguntaban quién de los míos era también artista, y pensé que todos. Todos a su manera hacen arte.

Mi infancia en la Fuente del Lomo, me educó el oído con cantos y guitarras de nuestro folclore. Allí mismo, la osadía de representar obras de teatro y la poca vergüenza para disfrazarme, se iba incorporando como un oleaje lento. En la adolescencia, donde se quiere romper con todo, conocí a Isabel y fue ella quien me propuso ser baile. Su prima Basilisa y yo, en una sala del Centro Cultural de San Antonio, la acompañábamos en un sueño que sin saberlo acabaría siendo también mío.

Por aquellos tiempos comenzó también la Escuela de Baile del pueblo y ella, Isabel, me persuadió para acompañarla. Ese espacio que ordenó el movimiento de mis pies, hoy me honra llevando mi nombre y el apellido de mi familia. Gracias a Don Ignacio y a la Corporación por tan enorme gesto. Y es que en aquella escuela, Javi nos enseñó con bendita inocencia a movernos con canciones de la época, mientas algo adentro, sin saberlo fortalecía la imagen y el tesón para seguir. A pesar de dimes y diretes que siempre acompañan lo diferente yo bailo.

Luego nacieron las primeras coreografías. Andrea, Claudia, Sirma, Giovanna, Mónica, Juan… amistades que nos acompañábamos en la fuerza juvenil que quiere cambiar el mundo; de contarnos en canciones que aún hoy, cuando las escucho, me despiertan algo adentro.

En la plaza de El Salvador se entrenó mi cuerpo a subirse al escenario, y a estar convencido de que no había opción a otra cosa. Desde entonces no he dejado de hacerlo. Quien me diría en aquel momento, que ese escenario sería el primero de tantos en los que me sentiría como en casa.

Yo no puedo decir que lo escogí, esta profesión que hoy me hace estar aquí, me escogió a mi. Y aunque como ya he dicho la vida me fue entrenando para contar con pocas palabras, mis formas sólo han mostrado lo que aprendí a ver con todos ustedes. Con grandes maestros, amigos y artistas, la vida me llevó a Madrid. Recuerdo que el primer día iba con la mejor educación saludando a todo el mundo. Esa gente que miraba extrañamente mis “buenos días”, la aparente hostilidad y las enormes calles, me hicieron perderme. Tarde horas en volver a aquella primera casa. Y es que, incapaz de encontrar el mar y la calidez del sol, tuve que aprender otra manera de percibir el mundo; orientarme por aceras de día y constelaciones incompletas de noche. Los cielos estrellados pasaron de ser páginas de cada día, a ratos de vacaciones. Desde allí, y ya lejos de casa todo se convirtió en hacerlo bien, en sentirme lleno con lo que hacía. No siempre he conseguido ser y hacer lo que me he propuesto, y lo que lloré o me derrumbó, lo confesé en secreto a las paredes. Pero me construí con otra fuerza, como hemos hechos todos, en silencio, mientras un ruido sordo derrumba y construye por dentro.

Bailé bailes de otros, que era lo fácil. Lo difícil fue confiar en cómo yo miraba o cómo yo quería contar el mundo a través de coreografías. Que eso tomara forma y tuviera algún sentido creo que fue y es una mezcla de tesón y confianza en algo mayor. Ante mis trabajos me acostumbré a que mucha gente me dijera: “no entendí nada, pero me encantó”. Ellos, como yo, estaban viviendo una profesión aún es joven, y que a mí y a otros tantos da sentido. Tengo la convicción de que este arte que practico no es de palabras, es de aire. Entra con las inhalaciones de nuestra respiración, y ahí dentro ocurre la magia. Ni siquiera yo entiendo bien que es lo que hago tantas veces, pero es precisamente esa su fuerza, dejar que el cuerpo tome las riendas y reconozca lo que siente.

Nada de lo que se hace, se hace solo. Yo he estado acompañado de quien me quiso bien y también de quien me quiso mal. Las dos fuerzas han sido necesarias para seguir. Cada piedra en el camino hizo que se fortalecieran mis piernas y se afinara un poco más una brújula que no entiendo pero me guía. Estas piedras que todos nos encontramos en nuestro andar, no son amables, pero para quien las tiene o se encarga de ponerlas, sólo decir que a veces son un buen trampolín. No el mejor pero, a veces, necesario.

Está claro que lo bello fueron quienes me acompañaron mientras estudiaba eso del danzar, y me apoyaban diciéndome que había algo que contar. Y esto me lleva a pensar en quienes como yo, se pierden en la vida, que toman un rumbo que no es el convencional. Yo les comparto que estar perdido es sólo una ilusión. Que a veces nos parece estar solos ante tanto contratiempo, pero hay algo para cada uno de nosotros. No hablo desde el misticismo, sino desde de la mala costumbre que tiene el cuerpo de inhalar nuevo aire cada vez que expira el viejo. A lo mejor no todo es un cuento con final feliz, pero quizás eso es lo importante, contar. El coraje no es sólo afrontar luchas como si de una batalla se tratase, a veces el coraje está en dejar que aquellos a quienes más queremos hagan cosas con las que no estamos de acuerdo, y acoger eso que le hace sonreír como el mayor de todos los triunfos.

Agradezco a compañeros y profesores que me guiaron con lo que fue posible; a los bailarines que confiaron en la intuición; a los que bailaron conmigo y los que quisieron aprender esto que yo veía y aún sigo viendo. Os siento en mí, porque no sólo hemos vivido las mismas obras, sino porque hemos sido ellas, y nada está más vivo que ver y dar vida a algo mayor, tomando infinitud de formas en quien las sabe recoger.

Gracias a muchos gestores que hoy son grandes amigos. Los que me acompañan desde las islas, y otros, que viviendo más allá y hablando otras lenguas, hicieron posible la aventura de la creación, acogiendo cada obra coreográfica como si fuera suya. Tengo la enorme suerte de estar rodeado de personas antorchas, brillantes, que haciendo honor a su nombre y lo que significa me han dado a mí y a mi trabajo mucha luz: Elenas, Cármenes, Lauras, Virginias, Anas, Alvaros, Pilares, Robertos, Mercedes, Natalias, Albertos, Dáciles, Javieres… tantos y tantos nombres que guiaron cuidados, pasos de baile, músicas y silencios. Agradecido a las voces que dan un lugar a través de mi trabajo; a esta profesión, tanta veces mal entendida; a los millones de ensayos, de golpes contra el aire e ideas.

Gracias a la danza y la buena mirada de este municipio, acompaño a mi familia a este lugar en este capítulo de la historia de este mi municipio, La Matanza de Acentejo. Soportado por el amor, la constancia, el sacrificio y el descanso de este pueblo de islas. Yo que he viajado por el mundo, alguna idea tengo de lo que supone construirse en laderas y alrededor de tanta agua. Permítanme manifestar el orgullo que siento por lo que es ser parte de aquí y sus gentes.

Siento una profunda honra y agradecimiento por recoger este nombramiento. Me llega profundamente, y me invita a celebrar que tenemos un cuerpo que aún baila.

Daniel Abreu

MÉRITOS DE DANIEL ABREU

Daniel Abreu Bello nace en 1976 en La Matanza de Acentejo, es el segundo hijo del matrimonio formado Manuel Abreu Reyes y María Consuelo Bello Afonso, y su infancia y adolescencia transcurre en la calle Limeras, justo en este entorno del hoy Auditorio Municipal.

Comenzó su formación en danza en la Escuela Municipal de nuestro municipio, para posteriormente ir ampliando su vasta formación de la mano de los más reputados docentes en Tenerife. Paralelamente, y en esa búsqueda por una salida profesional inicia estudios de psicología en la ULL, licenciándose posteriormente por la Uned y cursando varios máster de especialización… pero donde ha desarrollado una original trayectoria creativa, apoyado en su talento innato y en su formación artística en ballet clásico y, sobre todo, en danza contemporánea, ha sido – y es- en el mundo de la escenografía, en el arte de comunicar con el movimiento corporal.

En esa búsqueda de nuevos horizontes, su talento le lleva a Madrid, en 1999, donde sigue formándose y marcándose metas que comenzarían muy pronto a dar sus frutos. Así, en el año 2003, estrena “Espera”, su primer trabajo en solitario, al que le han seguido numerosos proyectos coreográficos presentados en casi todos los continentes: Europa, Asia, África y América.

Esa pasión suya por comunicar, por expresarse, por interactuar a través del movimiento y las emociones que en estos se reflejan, se ha materializado en un ingente trabajo en distintas compañías y colectivos de danza y teatro del panorama nacional e internacional.

Así, en el año 2004 crea su propia compañía y firma, y con el espectáculo: “Y eso que no me dejaban ver Dallas”, es premiado en el XVIII Certamen Coreográfico de Madrid. Este fue el espaldarazo definitivo a una carrera que – como se ha quedado patente en el vídeo- atesora más de sesenta producciones, que han podido ponerse en escena en muchos países, donde han sido reconocidas por la crítica y el público, obteniendo –además- diversos galardones.

Daniel Abreu Bello destaca por su intensa labor creativa, lo que le ha valido ser invitado a impartir diferentes talleres y cursos, dirigidos tanto a estudiantes como a compañías de Europa, Asia y América.

Destacan, entre otros, sus trabajos, “Mínimos” (2005), “Ojos de pez” (2007), “Negro” o “Nuevamente ante ti fascinado” (2008), “White” (2009), “Equilibrio” (2010) o “Animal” (2011), año en el que pasa a formar parte del Programa Europeo “Modul Dance”, que apoya el desarrollo, la movilidad y el intercambio de artistas de la danza.

Paralelamente a toda esta actividad, destacar que dirige proyectos para otras agrupaciones y creadores en Italia, Croacia, Polonia, España; y que en el año 2018 es nombrado director artístico de Lava, compañía de danza contemporánea que se establece con residencia en el Auditorio de Tenerife, como una apuesta por la creación de nuevos repertorios con creadores internacionales.

Entre los reconocimientos cosechados por Daniel Abreu destacan: el Premio Nacional de Danza 2014, en la categoría de creación, otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; el Premio Ciudad de Cazorla de Teatro, año 2020; en el año 2018 es el protagonista de los Premios Max obteniendo todos los premios a los que aspiraba: Premio al Mejor Espectáculo de Danza, Premio a la Mejor Coreografía y Premio al Mejor Intérprete Masculino de Danza por su obra “La Desnudez”; a lo que se suman otros cosechados a lo largo de su carrera: Mejor Espectáculo, Mejor Vestuario y Mejor Banda Sonora en los Premios Réplica 2019 por “Abisal”; Premio a la Mejor Dirección en el Indifestival de Santander 2010; el Premio del Jurado a la Coreografía, en el XVIII Certamen Coreográfico de Madrid (2005); el Premio Fundación AISGE (Artistas Intérpretes, Sociedad de Gestión) a un bailarín sobresaliente, para asistir al American Dance Festival (2005), recibido en el marco del XVIII Certamen Coreográfico de Madrid (2005); la mención como Bailarín más Destacado del IV Certamen Coreográfico de Maspalomas (1999); y el haber sido finalista de los premios Max 2020 por el “Hijo”, unas de sus últimas creaciones.

A todo lo anterior, suma, la distinción que se le ha entregado este viernes 14 de enero de 2022, el Título de Hijo Predilecto de la Villa de la Matanza de Acentejo.

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